Seres Mitológicos del Popol Wuj
Relato de Jun Junajpú y Wuqub Junajpú
Anciano Guía y Abuela del Sol engendraron a Jun Junajpú y a Wuqub Junajpú.
Jun y su mujer Ixbaqiyaló engendraron dos hijos varones: Jun Batz, el primogénito, Jun Chowén, el segundo.
Jun e Ixbaqiyaló tenían gran conocimiento, magna sabiduría, virtuosas costumbres y la capacidad de adivinar en el plano terrestre.
Enseñaron a sus hijos el arte de la flauta, el canto, la escritura, la escultura, la orfebrería, y a tirar con cerbatana.
Tiempo después, Jun Junajpú engendró además, con Joven Sangre Luna, a Junajpú y a Xbalamké.
Cuatro fueron, entonces, los hijos de Jun Junajpú:
Jun Batz y Jun Chowén (nacidos de Ixbaqiyaló).
Junajpú y Xbalamké (nacidos de Joven Sangre Luna).
El juego de pelota
Jun Junajpú y Wuqub Junajpú no hacían más que jugar a la pelota todos los días.
El halcón mensajero al servicio de Corazón del Cielo, llegó al campo de juego que estaba al lado del camino que conducía hacia el Lugar de Miedo o Inframundo, a observar cómo jugaban los hermanos.
Las distancias entre el Cielo, la Tierra y el Lugar de Miedo, no parecían grandes a este halcón.
Uno Muerte y Siete Muerte, gobernantes y jueces supremos del Inframundo, escucharon los ruidos que los hermanos hacían al jugar y expresaron: “¡Que vayan por ellos y los traigan para que los derrotemos en el juego de la pelota, pues no nos respetan!”. Y los demás gobernantes del referido lugar subterráneo elogiaron a los jueces supremos por lo que habían expresado.
Los gobernantes del Inframundo envían mensajeros a los hermanos
Además de decretar el desafío, los gobernantes del Lugar de Miedo acosaban a Jun y a Wuqub porque querían los protectores de cuero, cinturones, penachos, pañuelos y atavíos que los hermanos utilizaban para jugar.
Cuatro tecolotes mensajeros al servicio de los gobernantes indicados, salieron hacia el campo del juego de pelota donde Jun y Wuqub jugaban. Llegaron pronto y desde la orilla les mintieron diciéndoles que los gobernantes del Inframundo los admiraban y les pedían ir a jugar para animarlos.
Los hermanos asintieron, “solo esperen a que vayamos a despedirnos de nuestra madre”, expresaron. No hablaron de su padre porque ya había muerto.
Llegaron a su casa, informaron a Abuela del Sol, lo que estaba sucediendo, ordenaron a Jun Batz y a Jun Chowén mantener el calor del hogar y alegrar a la anciana con cantos, textos y esculturas, dejaron su pelota y utensilios de juego, pues tenían la esperanza de volver, y partieron en tanto que su progenitora lloraba con gran tristeza.
Los hermanos Junajpú descienden al Inframundo
Los tecolotes mensajeros guiaron a los dos hermanos, bajaron por unos escalones hacia el fondo de un barrando, pasaron sin sufrir daño por aguas turbulentas y atravesaron dos ríos, uno de sangre y el otro de agua sucia.
Continuaron hasta la encrucijada de cuatro caminos, uno rojo y los demás negro, blanco y amarillo. Jun y Wuqub siguieron por el camino negro y arribaron a la edificación del consejo de los gobernantes del Inframundo, donde emitieron palabras de respeto a unos muñecos de madera que estaban sentados y adornados.
Los gobernantes rieron a carcajadas y los ridiculizaron hasta que Uno Muerte y Siete Muerte interrumpieron el alboroto manifestando a los infortunados hermanos que su presencia les era grata, “siéntense en nuestra banca”, les dijeron.
La superficie de la banca estaba caliente, Jun y Wuqub intentaron evitar el sufrimiento cambiando de posición, no lo lograron, y cuando resolvieron ponerse en pie, ya tenían quemaduras en los glúteos, pues la banca estaba hecha de piedra candente. Y los gobernantes rieron a carcajadas de nuevo hasta sentir calambres en sus corazones y sus huesos.
Muerte de Jun y Wuqub
Los gobernantes señalaron un recinto en tinieblas a los hermanos para descansar.
Unos centinelas llegaron y entregaron a Jun y a Wuqub una raja de ocote y dos puros, encendidos, advirtiéndoles que las autoridades les pedirían devolverlos.
Pero, en aquella oscuridad, los hermanos no pudieron vencer el deseo de fumar los puros y no apagaron el ocote, en consecuencia Uno Muerte y Siete Muerte los sacrificaron, por no hacer la devolución.
Antes de sepultarlos en el Lugar de Sacrificio, le cortaron la cabeza al cadáver de Jun Junajpú y ordenaron a los mensajeros colocarla entre las ramas de un árbol que no fructificaba. Los mensajeros obedecieron y el árbol fructificó.
Los gobernantes del Inframundo admiraron que había frutos redondos en todas las ramas, tantos que no pudieron distinguir la cabeza, y prohibieron cortar los frutos y estar debajo de aquel árbol.
Una doncella llamada Joven Sangre Luna fue a ver el árbol, y sucedió que la cabeza de Jun originó de modo sobrenatural en ella la concepción de Junajpú y Xbalamké.
El padre de la virgen advirtió la gestación y ordenó a los guardias sacrificarla y llevar su corazón en un recipiente para que los gobernantes supremos, Uno Muerte y Siete Muerte, lo tuvieran en sus manos.
Los guardias tomaron el recipiente y el cuchillo de pedernal para sacrificios y capturaron a la joven. En el camino ella les pidió que no la mataran diciéndoles que no había copulado, que la cabeza de Jun Junajpú había originado en ella de modo sobrenatural la gestación.
Los centinelas no querían matarla, pero debían cumplir la orden del padre, quien era uno de los gobernantes del Inframundo.
Entonces Joven Sangre Luna hizo un corte a un árbol, la savia roja cayó al recipiente y formó un grumo redondo. Luego sacó más savia para sustituir su sangre y los guardianes lo llevaron.
Uno muerte levantó el corazón falso, la sangre aparente resbaló, lo puso sobre el fuego y a los demás gobernantes les pareció dulce el olor, así que se acercaron y se inclinaron hacia la ofrenda. Entre tanto, los centinelas fueron a donde la doncella preñada aguardaba, la guiaron hacia la orilla de un hoyo, ella salió a la faz de la Tierra y ellos retornaron al Inframundo.
Joven Sangre Luna revela su gestación
Joven Sangre Luna fue a Abuela del Sol y le informó de la concepción. La anciana le expresó incredulidad pues sabía que sus hijos habían muerto en el Lugar de Miedo.
Jun Batz y Jun Chowén, hijos de Jun Junajpú, estaban ahí, escucharon la noticia y se enfurecieron.
En medio de la insistencia de la virgen, la abuela cambió de actitud de súbito diciendo que le creería si le llevaba una cantidad grande de maíz del campo de cultivo.
En el campo había solo una mata de maíz. Joven Sangre Luna se afligió e inmediatamente invocó a los guardianes de la comida de Batz y Chowén. Entonces logró reunir mucho maíz en una red, sin cortar las mazorcas de la planta, e inició el retorno acompañada de unos animales que transportaron la carga.
Al llegar bajaron la red al lado de la casa para que Abuela del Sol no los viese y creyera así que la doncella había llevado la cantidad grande de maíz.
Al ver el alimento, la anciana pensó que la joven había agotado la planta, y quiso inspeccionar. Fue al campo, comprobó que la mata de maíz estaba igual, observó los rastros de la red al lado, regresó de prisa y dijo a la virgen que el prodigio indicaba que sus palabras eran veraces.
Jun Batz y Jun Chowén, los hermanos mayores
Las grandes penas y aflicciones que Batz y Chowén habían sufrido durante su crecimiento, no les impidieron adquirir gran sabiduría, ni aprender a escribir, esculpir, cantar y a tocar la flauta, artes que ejercieron eficientemente. Aun así, la envidia y el odio que iban a sentir por sus hermanos menores les impedirían accionar con rectitud y les causarían sufrimiento.
Nacimiento de Junajpú y Xbalamké
Joven Sangre Luna estuvo sola cuando parió a Junajpú y a Xbalamké en la montaña, luego los llevó a casa y no podían dormir. Entonces la abuela expresó su desagrado por la bulla exclamando que los llevaran y los tiraran.
De inmediato los hermanos mayores, Batz y Chowén, pusieron a los recién nacidos en un hormiguero para que murieran, pero Junajpú y Xbalamké durmieron placenteramente ahí, por tanto, los quitaron de ese lugar y los colocaron sobre espinas, intentando de nuevo matarlos, por la bulla que habían causado y por la envidia que sentían por ellos.
Por este rechazo, Junajpú y Xbalamké crecieron en las montañas.
Jun Batz y Jun Chowén cambian a monos
Junajpú y Xbalamké retornaron a casa como lo hacían todos los días, pero esa vez sin presas. Explicaron a la abuela, ya enfurecida, que las presas habían quedado entre las ramas de un árbol al que no podían trepar, y pidieron a Batz y a Chowén que fueran, subieran y bajaran los pájaros.
En realidad, los hermanos menores habían planeado vencer a sus hermanos mayores por los grandes sufrimientos que les causaban tratándolos como a súbditos, y por haber querido matarlos en el hormiguero y en las espinas.
Al amanecer, los cuatro hermanos partieron y, en tanto que caminaban, los dos menores tiraban con sus cerbatanas, y los dos mayores admiraban que gran cantidad de pájaros gorjeaba en lo alto de los árboles sin que alguno cayese.
Jun Batz y Jun Chowén aceptaron subir a bajar las aves y, en el momento que subieron, el árbol aumentó de tamaño.
Ellos quisieron bajar en seguida pues el árbol les causó espanto, pero no pudieron, por lo que preguntaron a Junajpú y a Xbalamké cómo lograr sujeción.
Los hermanos menores les respondieron que desataran la faja de sus pantalones y se la acomodarán en el bajo vientre con los extremos sueltos y largos sobre los glúteos.
Batz y Chowén obedecieron y al hacerlo las fajas cambiaron a colas; y ellos, a monos, y de inmediato fueron por las ramas de los árboles hacia el interior de los bosques en las montañas.
Junajpú y Xbalamké retornaron a casa e informaron a su abuela y a su madre que sus hermanos mayores habían partido como animales. La anciana les expresó que la verían en desgracia si les habían hecho daño. Ellos le dijeron que no estuviera triste, que vería de nuevo los rostros de sus nietos mayores y reiría ante ellos.
En seguida empezaron a tocar la flauta, a hacer ritmo con el tambor y a cantar una canción conocida para llamar a Batz y a Chowén, y la abuela fue a sentarse al lado de los cantores.
Batz y Chowén llegaron bailando, sus rostros parecieron feos a la anciana, ella empezó a reír y ahuyentó a los bailarines.
Los dos cantores pidieron a la abuela contener la risa, advirtiéndole que solo cuatro veces en total harían la llamada, reiniciaron el llamamiento musical, Jun Batz y Jun Chowén llegaron de nuevo, entraron hasta el patio de la casa haciendo monerías y las carcajadas de la abuela los ahuyentaron hacia las montañas otra vez.
Los hermanos menores hicieron el tercer llamado y los resultados anteriores ocurrieron de nuevo, en consecuencia, Batz y Chowén no respondieron al cuarto llamamiento musical, y Abuela del Sol no volvió a verlos.
Junajpú y Xbalamké dijeron a su abuela que no estuviera triste pues ellos estarían presentes, que solo le pedían que amara a su madre. Le aseguraron además que habría memoria de sus hermanos mayores. Y los flautistas, cantores, escritores y escultores empezaron a invocar a aquellos que cambiaron a monos por soberbios y maltratadores de sus hermanos menores.
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