Creación de la humanidad según el Popol Wuj
creación de la Tierra y los arroyos
El Popol Wuj, libro mitológico e histórico de la antigua nación Quiché, dice que los seres superiores Corazón del Cielo, Creador, Serpiente Emplumada, Madre Alom y Padre Kajolom irradiaban luz envueltos en plumas azules de quetzal, y que la bóveda del cielo estaba vacía, oscura y silenciosa.
Estos grandes sabios acordaron la creación de los seres vivos y el origen de la Tierra para que hubiera un lugar donde sembrar, venerar e invocar.
Y por el poder de los creadores la Tierra surgió del mar, que estaba en calma, y formó valles y montañas rebosantes de cipreses y pinos, donde los arroyos empezaron a fluir.
Creación de los seres vivos
Los seres superiores crearon sucesivamente animales, un ser de lodo y seres de madera para recibir de ellos obediencia, invocación y alabanza.
Pero sucedió que los animales no pudieron invocar, el ser de lodo no pudo hablar claro y los seres de madera no tuvieron memoria de sus creadores.
En consecuencia, los seres superiores destinaron a los animales para comida, deshicieron al ser de lodo y destruyeron a los seres de madera con una enorme inundación causada por un gran temporal.
Creación de los seres humanos
Los seres superiores realizaron una reunión para dialogar y reflexionar sobre la creación de los seres humanos y la idea surgió diáfana cuando el primer amanecer de la creación estaba por empezar.
Luego la zorra, el coyote, la cotorra y el cuervo llegaron desde Pan Paxil y Pan Kayalá llevando mazorcas amarillas y blancas, y mostraron a los creadores el camino hacia esos lugares, donde había abundancia de fragancias, cacao, zapotes, anonas, jocotes, nances, matasanos, miel y mazorcas, abundante comida para los humanos.
Los seres superiores tomaron mazorcas amarillas y blancas, las molieron nueve veces, agregaron agua y formaron cuatro figuras humanos, de las cuales crearon a los padres primigenios quichés: Jaguar Sonrisa Dulce, Jaguar Nocturno, Quien No Esconde Nada, y Jaguar de Luna, quienes hablaron, observaron, escucharon y tocaron los objetos.
Conocieron todo lo que había en la bóveda del cielo y en la faz de la Tierra, pues podían ver a través de los árboles, las piedras, los lagos, el mar y las montañas, y agradecieron a los creadores por la cara y la boca, por poder hablar, escuchar, reflexionar y moverse, y por haber conocido lo lejano y lo cercano, lo grande y lo pequeño, y sentirse plácidos.
Escuchar esto no agradó a los seres superiores, pues los cuatro varones cambiarían a dioses por su conocimiento, por tanto, los modificaron de modo que solo pudieron ver lo que estaba cerca, en su entorno, perdiendo así su conocimiento.
Creación de las primeras mujeres
Los creadores pensaron también en las compañeras de los primeros hombres, quienes dormían cuando ellas llegaron. Ellos despertaron y ver a sus bellas compañeras les alegró.
A continuación el nombre de cada mujer y el de su compañero correspondiente:
Agua Roja de Mar. Jaguar Sonrisa Dulce.
Agua Hermosa. Jaguar Nocturno.
Colibrí de Agua. Quien No Esconde Nada.
Guacamaya de Agua. Jaguar de Luna.
Ellos originaron a la gente quiché y a los que se multiplicaron en el Oriente formando pueblos y linajes que poblaron valles y riberas.
Viaje a Tulán
Los cuatro padres primigenios escucharon noticias de una ciudad llamada Tulán, fueron y recibieron allí sus deidades Tojil, Awilix, Jaqawitz y Taqaj.
Otros pueblos también llegaron a Tulán a recibir sus deidades, y durante la visita sus idiomas cambiaron, así al salir sus idiomas tenían diferencias y los pueblos ya no se entendían unos a otros.
Tojil hace fuego a los patriarcas
Allí en Tulán, el dios Tojil hizo fuego y alegró a los pobladores dos veces, la primera cuando los cuatro padres le expresaron que morirían de frío, y la segunda, después de que un aguacero con granizo apagó las llamas.
Los padres originarios vencen a otros pueblos
En seguida otros pueblos llegaron a pedir fuego pues sus fogatas seguían apagadas y ellos ya estaban desfalleciendo.
No fueron atendidos de inmediato pues los seres superiores enviaron un mensajero que tenía alas como de murciélago, a decir a los cuatro patriarcas que debían preguntar a Tojil qué ofrenda tenían que darle aquellos pueblos para recibir el fuego.
Tojil pidió corazones.
Los pueblos aceptaron, pudieron tomar el fuego y sufrieron la derrota al permitir que les extrajeran el corazón ante Tojil, excepto el pueblo kaqchikel, cuyos integrantes robaron el fuego. Los kaqchikeles tenían una deidad con apariencia de murciélago llamada Chamalkán.
Tulán expulsa a los padres originarios
Los cuatro patriarcas quichés y sus descendientes hacían ayuno en Tulán esperando el primer amanecer cuando los expulsaron. Antes de partir, el dios Tojil les ordenó ofrecer la sangría de sus orejas y codos en sacrificio para expresar agradecimiento. Los patriarcas y sus descendientes obedecieron y lamentaron que no estarían en aquel lugar para el primer amanecer de la creación.
Salieron, pasaron el mar y durante la búsqueda de un territorio propio algunos decidieron quedarse y poblar el lugar donde habían descansado.
Los que continuaron llegaron a lo alto de una montaña que llamaron Lugar del Consejo, pues ahí los quichés y los integrantes de otros pueblos realizaron una reunión para establecer sus nombres, todos vistiendo pieles de animales porque estaban en la pobreza y no tenían maíz para comer.
El primer amanecer surge
Después Quiché y todos los pueblos esperaron el amanecer en sus montañas, sin dormir y llorando de tristeza, pues solo vislumbraban la luz de la aurora. Eso ocurría cuando la gran estrella Venús apareció en el oriente. La multitud se alegró y los padres primigenios, llorando de felicidad, atizaron en agradecimiento los inciensos que habían traído de Oriente.
Luego apareció el Sol con aspecto semejante al de un hombre, secó la faz de la Tierra y la alegría de la gente aumentó.
Los rayos solares transformaron en piedra a los dioses de los quichés, a los pumas, a los jaguares y a las serpientes. Si el Sol no los hubiese petrificado, estos animales feroces habrían matado a los seres humanos.
La Luna y las estrellas aparecieron también, y Sol, Luna y estrellas iluminaron la bóveda del cielo.
Matanza de los otros pueblos
Los cuatro padres primigenios lloraron por sus dioses, les agradecieron el amanecer y les ofrendaron trementina y resina.
Las deidades estaban petrificadas, pero sus espíritus hablaron a los cuatro adoradores diciéndoles que las montañas y los valles les pertenecían, les informaron que afligirían a los pueblos de su entorno porque ya había muchos, y les pidieron sangre de venados y aves, ordenándoles conservar las pieles de los venados para engañar y derrotar a los integrantes de los poblados vecinos, de quienes pidieron su sangre también.
Los cuatro padres empezaron a cazar y a untar la sangre de sus presas en las bocas de sus dioses, quienes les hablaban después de beberla. Poco después esos cazadores ofrendaron también su sangre para pedir vigor y fortaleza, punzando sus orejas y codos, y eso causó que las deidades cambiaran de piedra a jóvenes.
Los patriarcas quichés permanecían en las montañas durante el día, comían larvas de abejorros, avispas y abejas y compartían esta comida con sus compañeras cuando regresaban a sus casas por la noche.
Los pobladores cercanos no sabían la ubicación de las casas de los padres originarios porque sus caminos estaban ocultos, no así los senderos por donde aquellos pobladores caminaban, pues se distinguían fácilmente.
Cuando los cuatro padres los miraban pasar les imitaban aullidos de coyotes, ruidos de zorros y rugidos de pumas y jaguares, para que los caminantes culparan luego a estas fieras por las desapariciones de las personas que los mismos padres iban a capturar, llevar y sacrificar a sus dioses.
Y así ocurrió. Los referidos patriarcas capturaban a los que caminaban en par o solos por los caminos, los llevaban y los sacrificaban ante Tojil, Awilix, Jaqawitz y Taqaj, después regaban sangre en el camino y dejaban la cabeza de la víctima ahí.
Los pueblos deciden matar a los padres originarios
Aquel plan funcionó, pues al principio los pobladores creyeron que algún jaguar mataba a los caminantes. Solo cuando el número de víctimas aumentó supieron que los dioses quichés causaban las muertes que estaban disminuyendo a la población, y decidieron en consejo perseguir y matar a sus adoradores.
No lograron su objetivo pues durante los rastreos solo encontraban huellas de jaguares y venados, además aparecían nubes, llovía y el lodo impedía continuar la búsqueda. Así pasaron mucho tiempo buscando infructuosamente hasta que el cansancio los venció.
Los pueblos deciden capturar a los dioses quichés
Los enemigos cambiaron de objetivo decidiendo capturar a las deidades quichés para que ejercieran su poder a favor de ellos.
Sabiendo que los cuatro dioses solían bañarse en un río llamado El Baño de Tojil, enviaron a dos bellísimas doncellas a ese lugar a lavar ropa, les ordenaron desnudarse si veían a los dioses jóvenes y las amenazaron para que se entregaran a cambio de una señal si ellos las deseaban.
El encuentro ocurrió sin que hubiera copulación porque ellos no sintieron deseo por ellas. Esto no impidió que las doncellas les pidieran la señal para llevarla a sus gobernantes.
Las deidades quichés ordenaron a los padres originarios pintar tres lienzos, en uno pintaron un jaguar; en otro, un águila; y en el siguiente, un ejambre de abejorros, y los entregaron a las hermosas vírgenes, quienes los llevaron a sus autoridades.
Al desplegar los lienzos, los gobernantes desearon tenerlos. Uno se cubrió con el lienzo del jaguar; otro, con el del águila, y a ambos les agradó. Uno más tomó el lienzo que tenía abejorros pintados y al colocarlo sobre sí las imágenes lo picaron causándole dolores agudos.
Los pueblos resuelven invadir el territorio de los cuatro padres primigenios
En una nueva reunión, las autoridades de los pueblos enemigos resolvieron invadir con arcos, flechas y escudos el territorio quiché, matar a los padres originarios y capturar a su dios Tojil. Decisiones que este dios y los cuatro padres supieron porque velaban sin dormir.
Los guerreros enemigos no pudieron invadir durante la noche como lo habían planeado porque la oscuridad nocturna empezó antes de llegar a su destino.
Entonces durmieron al lado del sendero y ocurrió que su sueño fue tan profundo que los cuatro patriarcas pudieron arrancarles las cejas y los bigotes, desatarles sus collares, quitarles sus penachos y tomar sus jabalinas para demostrarles la grandeza de los quichés.
Al despertar los guerreros notaron lo que había sucedido y continuaron hacia su objetivo, con la intención, además, de recuperar sus pertenencias.
Entre tanto los padres originarios cercaron su territorio con estacas, colocaron unos muñecos a lo largo de la cerca, les pusieron arcos y flechas, y los adornaron con las joyas y penachos que habían quitado a los guerreros invasores. El territorio de los cuatro patriarcas estaba en lo alto de una montaña.
Enseguida el dios Tojil les ordenó poner abejorros y avispas dentro de cuatro grandes recipientes hechos de arcilla.
Los enemigos no vieron eso, así que avanzaron, vociferaron, gritaron e hicieron bulla, pero no lograron amedrentar a los patriarcas, ni a sus compañeras, ni a sus hijos, quienes esperaban confiados.
Los padres originarios vencen a los invasores
Cuando los guerreros enemigos estuvieron por llegar a la cerca después de subir la montaña, los quichés abrieron los recipientes de arcilla y los insectos escaparon, en cantidades tan grandes que parecían humaredas.
Los invasores huían pero en todas direcciones encontraban abejorros y avispas en remolinos atacándolos, de modo que no pudieron seguir sujetando sus arcos y sus escudos, circunstancia oportuna para el ataque que los padres originarios y sus compañeras hicieron con palos.
Así los quichés vencieron y desde ese día los pueblos derrotados les dieron tributo.
Descendencia y linajes de los padres originarios
Jaguar Sonrisa Dulce engendró a Kokaib y a Koqawib, de quienes surgió el linaje de los Kaweq.
Jaguar Nocturno engendró a Koakul y a Koakutek, de quienes surgió el linaje de los Nijaib.
Quien No Esconde Nada engendró a Señor Noble, su único hijo.
Y Jaguar de Luna no tuvo descendencia.
Fin de los cuatro padres originarios
Un tiempo de tranquilidad transcurrió, después los cuatro patriarcas entristecieron pues presintieron su muerte.
Cantaron reunidos en un lugar y luego dijeron a sus compañeras e hijos que sus días estaban completos, que habían cumplido su misión y que iniciarían el regreso, asegurándoles que sentirían su presencia. Les dijeron también que cuidaran sus hogares y su patria.
Por último, los cuatro padres originarios entregaron un envoltorio sagrado para que hubiera testimonio y memoria de ellos, y después desaparecieron en lo alto de una montaña.
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