Historia del Popol Wuj

 



Ejemplo de los signos utilizados por los mayas en su escritura.
Figuras esculpidas, escultura 4, 
encontrada en el sitio arqueológico Ixtutz, Petén, Guatemala (información y reliquia: Museo Nacional de Arqueología y Etnología).




Signo copiado digitalmente de la imagen anterior.



Historia del Popol Wuj

La información publicada en estos párrafos, está basada en el libro "Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché", autor: Adrián Recinos, editorial: Fondo de Cultura Económica (FCE), México. 3 ediciones se han hecho de esta obra, en los años 1947, 1953 y 2012.



Antes de la llegada de los españoles conquistadores, en el año 1524, al territorio que pertenece en la actualidad al Estado de Guatemala, en América Central, hubo, en esa región, varias naciones de ascendencia maya.
La nación Quiché estaba entre las más cultas y poderosas.
Antes del indicado arribo español, hubo un libro antiguo llamado Popol Wuj (libro de la comunidad o del pueblo), que perteneció a la nación Quiché. Este libro desapareció.
Ya en tiempos de la colonia española, unos escritores anónimo de ascendencia quiché, decidieron escribir lo que recordaban de aquel libro antiguo desparecido, y así surgió un nuevo texto, sin título, escrito en idioma quiché y con letras del alfabeto español.
Durante su investigación, el historiador Adrián Recinos (1886 - 1962), llamó Manuscrito de Chichicastenango a ese texto, para diferenciarlo, pues, como ya se anotó en el párrafo anterior, no tenía título.
El ejército español conquistador y el ejército indígena aliado, comandados por el capitán Pedro de Alvarado, arribaron en 1524 al territorio que pertenecía en ese tiempo a la Nación Quiché, y que ahora pertenece al Estado de Guatemala.
Los quichés opusieron varias resistencias bélicas a los invasores.
Los españoles triunfaron finalmente.
En esas circunstancias, los gobernantes quichés ofrecieron al capitán Alvarado realizar una reunión pacífica en la ciudad principal de la nación Quiché. Los habitantes quichés la llamaban Gumarcaah, en tanto que los indígenas que llegaron apoyando al ejército invasor, desde el territorio ocupado por México en la actualidad, la llamaron Utatlán (lugar de cañaverales).
El capitán español creyó que la intención de los quichés era destruir al ejército conquistador dentro de las estrechas calles y fortificaciones de Gumarcaah, entonces ordenó a su ejército retirarse a unos campos próximos, capturó a los gobernantes vencidos, los ejecutó quemándolos y ordenó destruir la referida ciudad principal.
Del acontecimiento anterior se deduce que una parte de la población, de la clase alta, huyendo de la destrucción llegó a un poblado próximo llamado Chuilá (lugar de las ortigas), que pertenecía a la nación Quiché.
Los indígenas aliados a los españoles conquistadores, llamaron Chichicastenango al poblado mencionado en el párrafo anterior.
Tiempo después, los españoles cambiaron nombre a Chuilá, nombrándolo Santo Tomás, y así surgió Santo Tomás Chichicastenango, nombre que perdura hasta la actualidad.
Las autoridades españolas confiaron la pacificación de Santo Tomás Chichicastenango a los misioneros de algunas órdenes religiosas llegadas de España, entre estas, la Orden de Santo Domingo, a la cual perteneció Francisco Ximénez, fraile y estudioso lingüista español que vivió en Santo Tomás Chichicastenango a principios del siglo 18, donde aprendió y habló el idioma quiché, y obtuvo el Manuscrito de Chichicastenango.
Entre los años 1701 y 1703, Ximénez transcribió y tradujo el manuscrito mencionado, y nombró a su trabajo Historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala.
Tras la muerte de Ximénez, su trabajo de transcripción y traducción permaneció en la biblioteca del convento dominico en la ciudad de Guatemala.
Hacia el final del siglo 18, un sacerdote católico llamado Ramón de Ordoñez, encontró el trabajo de Ximénez en el convento dominico. Entonces Ordoñez escribió un libro titulado Historia del origen del cielo y de la Tierra, e
 incorporó a esta obra la transcripción y traducción de Ximénez.
El médico italiano Paul Félix Cabrera, quien vivía en Guatemala, supo del trabajo de transcripción y traducción hecho por Ximénez, por la publicación que hizo el sacerdote Ordoñez, y divulgó la información en su obra titulada Teatro crítico americano, escrita en el año 1794 y publicada en el año 1822.
Un francés llamado Charles Étienne Brasseur leyó la obra del médico italiano y viajó a México en el año 1848. Ahí, Rafael Isidro Gondra, conservador del museo nacional, le permitió leer el libro de Ramón Ordoñez, en el que estaba, como ya se anotó, incorporado el trabajo de transcripción y traducción de Ximénez, trabajo al que Brasseur le cambió título llamándolo simplemente Popol Vuh, en una carta que publicó en 1851.
El referido francés continuó con la investigación, viajó a Guatemala en el año 1855 y obtuvo ahí el original y copias del trabajo de transcripción y traducción realizado por Francisco Ximénez. Además, el arzobispo del mencionado país centroamericano, Francisco de Paula García Peláez, le concedió un cargo eclesiástico en un pueblo llamado Rabinal, donde Charles Brasseur estudió los idiomas quiché y cakchiquel, e inició la traducción al francés del texto quiche transcrito por Ximénez.
Luego, Brasseur, retornó a Francia llevando el trabajo original de Francisco Ximénez (
Historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala), y, en el año 1861 publicó su propia traducción, la que tituló Popol Vuh, "le livre sacré et les mytes de l'antiquité américaine, avec les livres héroïques et historiques des Quichés".
Después de la muerte de Charles Brasseur, el manuscrito original de transcripción y traducción realizado por Francisco Ximénez, pasó al patrimonio del coleccionista estadunidense Edward Ayer, quien donó, en el año 1911, su colección de 17 mil libros y manuscritos a la biblioteca de Newberry, de la Universidad de Chicago. En esa donación iba incluido el mencionado manuscrito original de Ximénez, manuscrito que permaneció traspapelado durante 30 años en la biblioteca Newberry, hasta que el estudioso e investigador Adrián Recinos lo descubrió en el año 1941. Seis años después, en 1947, Recinos hizo su propia traducción al español de la transcripción quiché original hecha por Ximénez.


Contenido

Se sabe, por la transcripción hecha por Francisco Ximénez, que el Manuscrito de Chichicastenango contenía mitos e historia (incluyendo una cronología, hasta 1550, de los reyes quichés). Que su escritura estaba en idioma quiché con alfabeto español, corrida y sin interrupción de principio a fin, esto significa que el manuscrito no estaba dividido en partes o capítulos.
El trabajo de transcripción y traducción hecho por Francisco Ximénez, titulado Historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala, se conserva en la biblioteca de Newberry, de la Universidad de Chicago, Estados Unidos. No hay noticias del Manuscrito de Chichicastenango, el texto de autor anónimo utilizado por Ximénez para hacer su transcripción y traducción.


Página 2 del Códice de Dresde, uno de los pocos libros mayas rescatados y que perduran hasta el presente.
Francisco Ximénez anotó que no había información sobre la historia y cultura de los indígenas porque estos tenían ocultos los libros donde estaban escritos estos temas. Además, que no era posible entender los pocos libros que se encontraron.
Por esas causas, el historiador decidió hacer la transcripción y la traducción del Manuscrito de Chichicastenango.
Otro historiador, llamado Alonso Ponce, indica que los mayas de Yucatán, a quienes visitó en en el año 1586, tenían una forma de escritura con la cual anotaban sus historias, ceremonias, calendarios y sacrificios a sus ídolos, en libros hechos de la corteza de un árbol. Dice también, que estos libros eran muy largos, se podían doblar y sus letras solo las entendían los ahkines (sacerdotes mayas).







Página 20 del Códice de Dresde.
En la siguiente imagen (inferior), dibujo copiado digitalmente del área encuadrada en verde.





Dibujo copiado digitalmente de la página 20 del Códice de Dresde. 

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